Benny Jackson – Károly Méhes: Un cuento pluridimensional

El Proyecto Internacional de Cuentos Allende Los Mares

Traducido por Juanjo Luján Egea
Revisado por Oscar Godoy

Desde que Kitkat empezó a trabajar en la fábrica de Dimensiones indudablemente cambió su manera de concebir el mundo. Él mismo solía decir –como lo hacen los grandes pensadores– que todo era diferente: por ejemplo, que si mirásemos a nuestro alrededor desde el hoyo de la esquina de la parcela vecina, la perspectiva sería totalmente diferente a lo que veríamos si lo hiciésemos desde la ventana de la escuela. Por otra parte ilustraba la complejidad de la vida mediante una red de laberintos increíblemente intrincada. Estos cambios también cobraron validez para los cuentos. Kitkat afirmaba que si en un cuento podía ocurrir cualquier cosa, o todo, pues que así fuera.
–Vamos a fabricar un cuento –dijo un buen día entusiasmado– en el que aparezca la Rana Encantada y …
Aquí se puso pensativo, ya que encontrar la pareja apropiada para algo, eso sí es una de las ciencias más difíciles del mundo.
–¿La Caperucita Roja?–pregunté.
Sólo sacudió la cabeza.
–¿El oso Winnie the Pooh?
Ahora ya frunció las cejas y puso un dedo ante sus labios.
–¡¡Ssshhh!!
Y yo esperé.
Entonces de repente lo dijo.
–El Espantapájaros.
–¡Oh, oh, oh! –grité sorprendido.
–¿A qué vienen tantos “oh”? ¿Acaso no está bien?
–Sí, sí, estupendo.

Benny Jackson, artista peruano

Benny Jackson, artista peruano


–Entonces –declaró– ellos se encuentran y hacen algo.

Entendí que la continuación del cuento –fuera como fuera– recaería sobre mí. Pero si se trata de un cuento, entonces ni modo, hay que actuar, o sea, contar.
–Érase una vez un Mago Malvado que podía tomar la forma de todo tipo de figuras. Su intención era practicar la magia oscura. Ocurrió que un lindo día justo a mitad del verano se había puesto en camino bajo la forma de un Espantapájaros. Para colmo no mostraba una cara perversa sino más bien bondadosa, y por esta razón era verdaderamente malo.
–¿Y cuándo vendrá el Dimensionador? –Interrumpió Kitkat llegando a este punto.
–Ah, ¿qué el Dimensionador también va a aparecer en este cuento? –exclamé asombrado.
–¡Por supuesto! Así se convertirá en un cuento fantástico. –Insistió.
–Está bien pero esta parte la cuentas tú porque yo no entiendo mucho de esto.
–Vale. –Aprobó él y prosiguió con el tema que había dejado empezado.
–En el Dimensionador puedes pasar de una dimensión a otra como lo hace este Mago Malvado. Solamente hay que conocer el código. ¿Tú sabes cuál es?
–Y, ¿cómo lo voy a saber?
–Te lo voy a confesar. –Inspiró aire –. X581yasg888#vgg0021rto##K154zgű. –Recitó Kitkat con tal sencillez que incluso durante un trasplante de cabeza sería capaz de repetirlo.
Y después continuó en un tono más didáctico:
–Entonces, aquí está todo con lo que se puede dominar el mundo. Aquí llegan las ondas Luising, las ondas Resering y la corriente Alange
–¿Qué?
–¡No me interrumpas!–señaló Kitkat.
–Estas cosas se pueden usar también con fines nobles, solo causan problemas si caen en manos del Mago Malvado. Porque, por ejemplo, si lanzan a alguien al Espacio Espiral nunca va poder escaparse de allí, por lo menos no sin ayuda. Esa persona puede morirse de hambre, aunque allí en el Dimensiador estén las Esporas Alimenticias para el Hombre, de las que podría alimentarse.
–¿Esporas? –pregunté extrañado.
–Sí, la espora es un producto que contiene todo lo que necesita nuestro organismo. Una espora contiene provisiones para una semana.
–Vale, vale, –interrumpí–Pero ¿qué pasa con el Espantapájaros y la Rana?
–Eso sigue contándolo tú–me ordenó.
–El Mago Malvado, ese día convertido en Espantapájaros, después de haber tomado su ración semanal de esporas salió para cometer una gran fechoría. Saltando de una dimensión a otra llegó a la orilla del lago. Dirigió la mirada a su alrededor para ver si venía la corriente Alange.
–Pero esa corriente solo puede existir en el Dimensionador.
–Está bien entonces simplemente dirigió la mirada a su alrededor y vio a una rana que estaba tomando el sol sobre una piedra. No esperó más, ya que era infinitamente malo. Pero todavía quería disimularlo, así que sacó una pequeña flor y dijo en tono amable de espantapájaros – Oh, ¡tú Rana encantadora! No tengo ningún amigo en este mundo. ¿Quieres ser mi amigo?– La rana sintió lástima del Espantapájaros solitario y accedió con gusto a ser su amiga ya que no tenía otra cosa mejor que hacer. Aceptó la flor mágica que le dio el Espantapájaros (o sea, el Mago Malvado) y la olfateó. ¡Ojalá no lo hubiera hecho! Enseguida se convirtió en un Bello Príncipe en cuya cabeza brillaba una corona y de su costado colgaba una espada. Así, en un abrir y cerrar de ojos se terminó el plácido esparcimiento. Ningún príncipe puede estar tirado sobre una piedra porque siempre aparece una princesa a la que hay que salvar.
–¡Que vaya al ramha! –gritó Kitkat como aquel que conoce la solución perfecta.
–¿Y eso qué es?
–Una construcción especial. Hay que poner helio dentro y entonces crecerá. Se transformará en un reloj de torre magnífico en el que se encuentra la rueda dentada más pequeña del mundo que es la que dirige el Universo.
–¿El Dimensionador también?
En ese momento Kitkat se quedó pensativo por un instante pero después asintió con la cabeza.
–Eso también. Solo hay que tener mucho cuidado para que el Espantapájaros no regrese antes al Dimensionador para conseguir el lector de ojos.
–¿Qué? –No podía creerlo. –¿No querrías seguir tú desde aquí, Kitkat?
–Hay muchos sitios peligrosos en el Dimensionador –replicó Kitkat de nuevo–. El laboratorio, el depósito de armas y el búnker. Allí depositan el lector de ojos con el que a través de la mirada se descubre lo que se cuece en tu cabeza.
–Entiendo –dije bastante inseguro.
–Entonces di ahora tú lo que pasó. –Me ordenó de nuevo.
–Lo que pasó es que mientras la rana convertida en el Bello Príncipe se echó en camino para llegar cuanto antes a la ramha y después moviendo un poquitín la rueda dentada poner las cosas en orden, el Mago Malvado, en forma de Espantapájaros corrió de vuelta al Dimensionador. Los dos sintieron que era una lucha a vida o muerte. Menos mal que la flor que el Espantapájaros le dio para que la oliera, se apiadó del Bello Príncipe y con sus hojas y sus pétalos hizo revivir las ondas Luising que llevaron alucinantemente rápido a nuestro héroe a la ramha.
–Y vencieron a las ondas Resering, que siempre estaban en guerra la una contra la otra –observó Kitkat.
–Exactamente –afirmé, como si hubiera entendido algo–. La única cosa sin resolver era si el Bello Príncipe podría poner las cosas del mundo moviendo la rueda dentada un poquitín antes de que al Mago Malvado le diera tiempo de atrapar el lector de ojos. Respiré profundamente y seguí:
–En realidad el Príncipe tuvo suerte porque en casa del Mago Malvado, ahora en forma de Espantapájaros, se formó un gran desbarajuste mientras que estaba ausente de casa. Todo tipo de individuos que en su día fueron encantados por el Mago Malvado, como la Sandía Marciana, el Toro de Lunares y la Jirafa del Patinete, habían desarmado a su fiel servidora la Flor del Pulpo. Fue en vano que hubiese tantas armas en el Dimensionador y en la Tele Explotadora, el Mago Malvado ya no pudo hacer nada.
–¿Es eso cierto? –Kitkat me miró fijamente.
–Naturalmente –contesté con una sonrisa misteriosa–. ¿Acaso no lo sabías?
–¿Y qué ocurrió junto a la ramha? –Ignoró Kitkat mi pregunta astutamente.
–Allí todo pasó como lo habías predicho. El Bello Príncipe se subió a la torre, no preguntó qué hora era, tan solo giró un ápice la rueda dentada con el dedo pulgar y el índice. Enseguida se reconstituyó el orden mundial: el Príncipe se reconvirtió en una Rana verde normal y la Princesa pálida que sufría en una celda de la torre también volvió a ser una Rana. Ese fue el verdadero regalo, porque las ranas se casaron inmediatamente.
–La ramha es capaz de hacer milagros ya te lo dije. En realidad existe un laberinto subterráneo que la conecta con el Dimensionador, solo que esto es un gran secreto. –Completó el cuento con su explicación profesional Kitkat.
–Pero ¿cuál quieres que sea el castigo para el Mago Malvado?
Eso le hizo pensar de nuevo pero de pronto se iluminó su cara.
–¡Ya lo tengo! Los demás van a obligarle a trabajar un verano entero como Espantapájaros. Por un tiempo le tiraran a la corriente Alange y eso le privará de todas sus fuerzas mágicas. Después estará listo para espantar a los cuervos.
–Y, ¿ya nunca más volverá a ser malvado?
–No, porque el Bello Príncipe reconvertido en Rana tiene ahora el lector de ojos y si volviese a pensar cualquier maldad la Rana daría la alarma a los habitantes del Dimensiador inmediatamente. Yo asentí rápidamente con la cabeza, como si fuese alguien que acababa de tener los mismos pensamientos.
–Y además –Añadió–, puede que haya pronto otra dimensión más.
–¿Otra? –Me quedé perplejo –. ¿Cuál?
Se encogió de hombros:
–Nuestra clase.
Y eso fue algo que no me sorprendió nada. Al fin y al cabo, Kitkat era una dimensión en sí. ¡Cómo no iba a serlo entonces una clase entera!

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