Posts tagged ‘Gabriella Zombory’

junio 7, 2014

Helier Batista – Ottó Kiss: La ciudad de los peces

El Proyecto Internacional de Cuentos Allende Los Mares

Traducido por Gabriella Zombory
Revisado por Oscar Godoy

Las habitaciones de una casa y de una guardería tienen mucho en común, pero también hay muchas diferencias.
Uno de los parecidos es, por ejemplo, que a veces todo es muy bueno en los dos lugares, pero otras veces todo es muy malo. Otro parecido es que en la guardería, y en casa también, hay que acostarse a dormir la siesta incluso si uno no tiene sueño. Y las paredes están llenas de imágenes en los dos lugares. Pero la diferencia es que las imágenes de la guardería las dibujaron, o cortaron, o pegaron los niños, mientras que las de casa las hicieron pintores de verdad; menos las fotos, porque las fotos no las hacen los pintores.
Una diferencia más es que los dibujos de la guardería los cambian a menudo, pero los cuadros de casa siempre son iguales. En casa pocas veces se pone alguna foto o un cuadro nuevo en la pared, para un cumpleaños o un santo, pero no por eso desaparecen los cuadros anteriores.
Ocurre muchas veces que por la tarde, a la hora de dormir, Anabé se queda despierta, tumbada sobre la cama.
En la guardería su cama está enfrente de la ventana. Si mira a través de ella ve tejados y torres y, a ambos lados de la ventana, cortinas verdes. Si en su imaginación sale volando entre las dos hojas de las cortinas, se encuentra en las calles de la ciudad. Puede entrar a hacer las compras en la tienda, ir a la plaza a columpiarse, empujar el cochecito del bebé, puede llamar a los patos que están nadando sobre el agua, o ponerse de cuclillas para mirar mariquitas, hormigas y chinches.
En cambio sí está en casa, en su propia cama, no ve más que la pared vacía. Porque en esa pared no hay nada. Es decir, hasta ahora no había. Pero hoy mami ha traído una pintura interesante y la ha colgado en la pared de Anabé, a pesar de que no es el cumpleaños de la niña ni el día de su santo.

Ilustración de Helier Batista, artista cubano

Ilustración de Helier Batista, artista cubano


El cuadro se parece algo a la ventana de la guardería. No sólo por su forma, sino también por los tejados y las torres que tiene en el centro. Pero si Anabé imaginara entrar volando en este cuadro, no se encontraría en la calle, sino en una ciudad submarina.

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junio 6, 2014

Miguel Carvalho – Edina Kertész: La suerte de Abejorro

Beyond the Seas, International Fairytale Project in Hungary
El Proyecto Internacional de Cuentos Allende Los Mares, Hungría

Traducido por Gabriella Zombory
revisado por Oscar Godoy
Antes, el mundo era muy diferente. No había países ni fronteras, y así todos tenían playa. Bueno, si vivías en medio del continente tenías que viajar muy, pero muy lejos en el tranvía tintineante para llegar, ya que, por cierto, en esos tiempos los tranvías rojos pasaban por cada rincón de la tierra.

Había rascacielos por todas partes. Para ahorrar espacio eran de doscientos pisos, y para ahorrar aún más espacio se ponían las escaleras por fuera. Si hacía mucho viento había que agarrarse bien fuerte de las barandillas para que a uno no se lo llevara, y por las tardes con mucho viento las personas cogidas de las barandillas ondeaban en lo alto como pequeñas banderitas coloridas. Nadie le tenía miedo a las alturas. Es más, gritaban alegremente; cuanto más fuerte soplaba el viento, tanto más alegremente. Si soplaba mucho, traía consigo risas y alaridos de todas partes, así de alegre era todo antes.

La gente también era diferente, no se preocupaban tanto por la ropa. Todos llevaban traje de baño para que si les daba por nadar en el mar porque, digamos, las olas eran adecuadas para hacerlo, pudieran tirarse al agua enseguida.

Ilustración hecha por Miguel Carvalho, artista portugués

Ilustración hecha por Miguel Carvalho, artista portugués

Todos tenían la piel color canela, estaban bien bronceados por hacer todo al aire libre; sólo iban a los rascacielos para dormir. Pero también podía ocurrir que colgaran sus hamacas entre dos rascacielos y durmieran allí, escuchando el chirriar de las cigarras y contemplando el centelleo de las estrellas.

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