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junio 25, 2014

Rosi Aragón – Kinga Tóth: Ladrón de la Luna y Chica Chupete

El Proyecto Internacional de Cuentos Allende Los Mares

Traducido por Eszter Kondász, Bettina Susánszki
Revisado por Oscar Godoy

El pato robó la luna, seguro que la robó. La pegó de nuevo al cielo y desde allí nos alumbra, pero él puede quitarla cuando quiera y puede llevársela para sí mismo a su casa. Ni siquiera es una luna, ya que su color es marrón adobe y su cara es redonda tal y como la mía o la tuya. Ni siquiera es una luna, sino una chiquilla sonriente como una manzana silvestre, como el abuelo decía siempre.
Pero, ¿cómo robó el pato la luna? ¿Cómo es que la robó y se la metió en el bolsillo?
El señorito pato se encaminaba al baile, cuando recibió una invitación perfumada: «Aún no tengo a nadie, para que en la fiesta me acompañe. Sea usted tan gallardo y amable, sea mi pareja de baile.» Eso era todo; eso y la fragancia a delicioso chupete de fresa. Al señorito pato le gustó el olor, y no lo le hizo ascos, nada de eso, prefirió ir hacia el lago: «Son las cinco, tengo dos horas más para ponerme guapo, usar gel para que cada fibra de mi plumaje esté reluciente, abrocharme bien la chaqueta y ya todo en orden me voy y ayudo a la Chica Chupete.» –el pato la llamó así para sí mismo. Antes la llamó Olor de Fresa, pero luego pensó que no era apropiado llamarla así, porque iría a bailar un vals con ella y, por tanto, eso no sería una simple pato-fiesta, sino una fiesta elegante.
Arregló su pico, planchó su chaqueta con la ayuda de Mamá Pato porque él mismo no podía hacerlo con mucha habilidad. «Salgo decidido, no hay que ser patoso. Llevaré un chupete de fresa para que me recuerde al perfume y a la que encuentre una chica que huela a fresa, me la llevo.» –decidió el pato que en diez minutos podría llegar al Pato-Salón de Baile donde se celebraba la fiesta, ya que estaba muy cerca. A las siete y media ya hubiera podido dar tres vueltas a la pista de baile, si el rayo de la luna no hubiera alumbrado la calle y si el pato no hubiera elevado sus ojos a la izquierda a dos pasos antes de llegar al salón.

Ilustración hecha por Rosi Aragón, artista mexicana

Ilustración hecha por Rosi Aragón, artista mexicana

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