Posts tagged ‘Viive Noor’

junio 7, 2014

Viive Noor – Ágnes Mészöly: Sira and Drishnavar

El Proyecto Internacional de Cuentos Allende Los Mares, Hungría
Translated by Erika Kertész

Amongst mountains reaching toward the sky there was the hidden Country of Blue Lakes. There was no happier or richer country in the world. On the lakes shining with turquoise snow- white swans swam proudly and people ploughed with happy smile on their faces on the shore on the fields. The swans were fighters protecting the empire with sharp beaks and enormous wings. Ever since there are words for storytelling there was no enemy to be able to cross the border, even though many wished to rule the beautiful wally. People prized and honoured the birds and provided them with all they needed during peacetime and prepared lightweight but impenetrable mails for them. The king ruling the country was very special: a human-in-swan, swan-in-human since he was a shape-shifter, a skin-changer. The ability of shape-shifting inherited from father to son became the symbol and surety of the fellowship between the two species.

His palace was built on a floating island, opened for both humans and swans. The king and his beautiful wife lived in the most gorgeous suit of his palace. They had only one son over the elf-age of childhood, he commanded the fights at the eastern edges. There was no braver than him in the country, beloved and respected by everyone for his pure soul and gentle heart similar to the mirroring lakes in calm. One day the king called for his son. Drishnavar flied back reluctantly from the country of mountain passes. He shook his feathers in front of his father’s throne, fuming.

– What is so important, my majestic father, that you summoned me – asked impatiently. – The fights have renewed, the army needs his leader.
– There are many leaders in the army – his father said – but there is only one crown prince. – More important tasks are waiting for you.
– Our time leaks away soon and you will make our place – added his mother tenderly. – Before your coronation you have to find a wife. You have to go far over the mountains to bring a wife from a foreign land, just like your father did and his father had done before.
– How will I know who has been ordered for me by the destiny -asked Drishnavar.
– Your will feel it in your heart – his mother calmed him.
– You have enough time – his father encouraged him. – You would wandering for three years from now to find your fianceé. You should be back till the midst of the third summer. But do not forget one thing! You cannot show up in the swan-shape. If your chosen one kissed your feathers before the wedding your feathers would have been lost forever.

Illustration made by Viive Noor, estonian artist

Illustration made by Viive Noor, estonian artist

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mayo 27, 2014

Viive Noor – Ágnes Mészöly: Sira y Drisnavar

El Proyecto Internacional de Cuentos Allende Los Mares, Hungría
Traducido por Amarilla Lippai, Erzsébet Nyári y Fanni Fodor

El País de los Lagos Azules estaba escondido entre montañas que se alzaban hasta el cielo. En el mundo no se conocía otro lugar tan rico y feliz: gráciles cisnes blancos como la nieve paseaban en los lagos azul turquesa, mientras a orillas del lago la gente cultivaba la tierra con sonrisa tranquila. Los cisnes guerreros protegían muy eficazmente las fronteras del imperio con sus picos afilados y alas enormes. Desde que existían palabras para contar historias, el enemigo no había entrado en el país, a pesar de que numerosos pueblos querían dominar este valle maravilloso. La gente apreciaba y respetaba los pájaros: los ayudaron con todos los bienes en el tiempo de paz, y durante las guerras les preparaban corazas ligeras pero invulnerables.
Un rey especial reinaba en el país, cisne en cuerpo humano, y humano en cuerpo de cisne, que cambiaba de forma y de piel. Esta capacidad del rey, que se heredaba de padre a hijo, era el símbolo y la garantía de la alianza entre los dos pueblos. Su palacio, en que vivían cisnes y humanos, estaba en una isla flotante. Y en la habitación más espléndida vivía el rey y su bellísima esposa.
Su único hijo, Drisnavar, quien ya había dejado atrás los tiempos fabulosos de la infancia, dirigía las batallas en la frontera del este. No había nadie que fuera más valiente en el país, todo el mundo le respetaba y quería, porque tenía un corazón amable y un alma como la superficie de los lagos azules en calma chicha.
Un día el rey llamó a su hijo. Drisnavar voló displicente desde los puertos de montaña y sacudió las plumas coceando delante del trono de su padre y su madre.
–¿Qué es tan importante, Su Majestad, que me habéis hecho llamar? –preguntó impaciente–. Las batallas se han recrudecido, el ejército necesita un jefe.
–El ejército tiene numerosos jefes –contestó su padre–, pero el país tiene sólo un príncipe heredero. Tú tienes tareas más importantes.

Ilustración de Viive Noor, artista estoniana

Ilustración de Viive Noor, artista estoniana


–Ya somos viejos y pronto tú tomarás nuestro lugar. –Añadió su madre–. Sin embargo, antes de la coronación, tienes que buscar una esposa. Tienes que irte allende las montañas y traer una mujer de tierras foráneas como tu padre y su padre lo hicieron.

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